La @rroba: símbolo de modernidad con más de 500 años de antigüedad

por Laura Ivonne Quiroz Castillo

Hoy día es de uso cotidiano en Internet, y por ello se le ha relacionado estrechamente con los medios electrónicos, las nuevas formas de comunicación, y por ende, con la modernidad. Desde los noventas, década en la que se popularizó el Internet, este símbolo ha venido a revolucionar, el mundo de hoy.

Sin embargo, la @ ha sido usada de formas distintas a lo largo de cinco siglos de historia: como unidad de medida, de uso comercial, de uso informático y de programación, incluso se ha planteado como una solución económica al referirse a los géneros masculino y femenino en el lenguaje escrito del español y el portugués. Esto lo ha llevado a formar parte de las colecciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York como una pieza de arte y diseño (¿moderno?).

Una palabra árabe con grafismo medieval

Ni la palabra “arroba” ni su símbolo “@” son recientes. Ambos han sido empleados desde la Edad Media, siendo las evidencias documentales más mencionadas la taula de Ariza de 1448, donde se registra una entrada de trigo en el Reino de Aragón desde Castilla empleando la arroba (@) como unidad de medida; y una carta enviada por el mercader italiano Francisco Lapi, en el año 1536, desde Sevilla a Roma, en la que se menciona: «Así una @ de vino, que es 1/13 de un barril, vale 70 u 80 ducados…».

La arroba era una unidad de medida tanto de masa como de volumen dentro del Sistema Aragonés de Pesos y Medidas. El término tiene su origen en el árabe (ar-rub), que significa “la cuarta parte”, y designaba la cuarta parte de un quintal o fanega, lo que correspondería aproximadamente a 100 libras, y por lo tanto, una arroba a 25 (11.5 -12.5 kg). El uso de la arroba como unidad de medida se extendió desde España y Portugal hacia Hispanoamérica y Brasil, hasta que cayó en desuso en el siglo XIX, debido a la adopción del Sistema Métrico Decimal como sistema de medidas común a nivel internacional.

En cuanto al símbolo @, se trata de una ligadura hecha por los copistas del medioevo, la cual cumplía una función de economía caligráfica, ya que es la fusión en un solo trazo de los caracteres de la preposición latina ad (a, hacia, hasta) o la conjunción at (al), de la cual obtiene su nombre en inglés.  El símbolo no sólo representaba la unidad de medida arroba, sino también era empleado en los registros mercantiles de las naves de carga que atracaban en las costas árabes y españolas; su significado era “al precio de” y era conocido tanto en el mundo árabe como el grecolatino.

¿Cómo llegó hasta nuestros días?

El signo de la arroba pudo haber desaparecido en el siglo XV con la invención de la imprenta por Gutenberg; pero logró sobrevivir gracias a que en el Renacimiento se continuó usando como manera de vincular el número de productos de una factura con el precio por unidad. De esta forma, 12 @ 3£ significaba ‘12 unidades (de determinada mercadería) a tres libras cada una’.

Este uso se extendió por el norte de Europa, sobre todo en Inglaterra, donde la arroba con frecuencia representaba la preposición inglesa at en los registros comerciales.

Con el desarrollo industrial y tecnológico ocurrido desde fines del siglo XIX, el símbolo @ fue adoptado por la física en el mundo anglosajón, como en la frase: «100 psi @ 2000 rpm» (100 libras por pulgada cuadrada a 2000 revoluciones por minuto). Gracias a ello, cuando se inventó la máquina de escribir, a fines del siglo XIX, el símbolo de la arroba fue incluido en su teclado, y por lo tanto, también se incluyó en el de las computadoras personales en la segunda mitad del siglo XX.

Y nos enredamos con la @

No fue sino hasta 1971, con el surgimiento del correo electrónico cuando empezó el uso del signo como lo conocemos ahora.

El mérito de introducir la @ a Internet se le atribuye al ingeniero estadounidense Ray Tomlinson con la invención del correo electrónico, todavía en los tiempos de Arpanet, el antecesor de la red de redes, a principios de los años setenta. Tomlinson decidió incorporar la arroba justo entre su nombre y el servidor que debía recibir el mensaje. Eligió este símbolo como el más idóneo, ya que estaba presente en los teclados, no aparecía en los nombres propios de personas ni de servidores, además de que no era muy utilizado, y de este modo, no se daría lugar a confusiones.

Con el paso del tiempo y a medida que Internet y el correo electrónico se popularizaron y alcanzaron millones de usuarios, se diseñó un protocolo estándar para el correo electrónico en todo el mundo y se estableció que el formato universal para las direcciones de e-mail sería usuario @ servidor.

Desde entonces el signo de la arroba se universalizó hasta formar parte del propio vocabulario de los internautas. Por ejemplo, en foros virtuales la @ es usada para indicar una respuesta; por ejemplo @Ana para responder a un comentario previo hecho por Ana. En algunos casos se usa para resaltar en mensajes de correo electrónico a una persona, fragmentos que puedan ser de interés para otra; es decir, cumplen una función similar a una “copia para” o para “etiquetar” a alguien. En el microbloggeo, como lo es Twitter, la @ es usada como comando personal para enviar un mensaje de usuario. En todos estos casos, al igual que el empleo para el correo electrónico, la arroba indica un destino: a, hacia o para.

Claro, tampoco se puede dejar de mencionar las implicaciones sociales que tuvo este símbolo fuera del ámbito de la Internet. En una época en la que se ha dado importancia a las relaciones de género, la @ ha servido como indicador de neutralidad y equidad de género en las lenguas española y portuguesa, al menos en su expresión escrita de manera informal; hecho que ha desatado polémica en las academias de lengua.

La @ como arte ¿moderno?

En marzo del 2010, Paola Antonelli, curadora del Departamento de  Arquitectura y Diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), informó en el blog del museo, sobre la adquisición del símbolo @ a la colección del departamento del que es curadora:

“Su adquisición se debe a que Tomlinson hizo un poderoso acto de diseño que no sólo cambió para siempre el significado y función de la @, sino que también se ha vuelto una parte importante de nuestra identidad en nuestra relación y comunicación con otros. Este rol (no intencionado) como diseñador debe ser reconocido y celebrado por nuestra colección.”

Al respecto explicó sobre los significados conceptuales y prácticos de este hecho. Como suele pasar en la relación entre los museos y el arte contemporáneo, la arquitectura y el diseño, dada la naturaleza de las obras en cuestión, ya sea abstracta, efímera, monumental, o intangible, se presentan retos de diversa índole. Por ejemplo, surgen reflexiones en torno a las formas de adquisición, resguardo, reproductibilidad, autoría, mantenimiento, manufactura, contexto, e inclusive, preguntas sobre la esencia de una obra de arte por sí misma. O también surge la interrogante sobre el hecho referido a si es necesaria la posesión física de un objeto para su adquisición, ya que, en el caso de la @ no se puede tener, pues es algo abstracto que no puede pertenecer a nadie, además es gratuito e invaluable a la vez.

Un nuevo patrimonio histórico afianzado en la actualidad

Por todo lo anterior, podría considerarse ya a la @ como un patrimonio para la humanidad. Pues su antigüedad, su perdurabilidad, los distintos usos, significados e implicaciones sociales que ha tenido a lo largo de su historia y que seguirá teniendo al paso del tiempo, le han dado cada vez mayor importancia a nivel práctico y social. Es decir, ya es parte del lenguaje cotidiano en todo el mundo que ha cambiado nuestras formas de relación y comportamiento ante otros en diferentes espacios. Tal como lo ha afirmado Paola Antonelli:

“Su potencial para tan sucintas negociaciones (ya sea entre hombre y máquina, o entre las clasificaciones tradicionales de género y el espectro actual) y su rango de aplicación continúan en expansión. Realmente se ha vuelto una forma de expresar los cambios en las relaciones tecnológicas y sociales de hoy día, expresando nuevas formas de comportamiento y de interacción en un nuevo mundo.”

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