Sinergia cultural

por Antonio Flores

La sinergia de la música que se origina a través de los usos y las costumbres   en los pueblos del mundo, y la música académica o clásica, es tan importante que puede afirmarse que una ha originado a la otra, mientras que a su vez, de manera inversa, se retroalimentan y la última también origina a la primera.  Notemos que gran parte de lo que llamamos identidad de un autor, o simplemente y de manera coloquial, la voz del compositor, está permeada por su entorno social e histórico, sus intereses y conocimientos; de manera más inmediata está preñada por la música festiva y tradicional de su pueblo y cultura.  Esta relación de la música popular con la música académica le da a la segunda las raíces que permiten diferenciar un tipo de música de la otra, también nos permite a su vez entender las emociones y el fondo de la búsqueda de un artista de la música.

Aunque el término de “música clásica” se emplea con mayor frecuencia a partir de mediados del siglo diecinueve, en realidad la influencia de la música popular en lo que se podría calificar como música académica o culta ha ocurrido desde el primer  momento en el que los alcances expresivos, estilísticos, técnicos e idiomáticos se convirtieron en un objetivo del arte musical, y fue creando también la diferenciación entre una y la otra. Sin embargo ahora no hablaremos de las diferencias que se producen quizás desde los orígenes de la música como un arte formal, y nos centraremos en los aspectos que las cohesionan, y para esto citaré los ejemplos que creo pueden ilustrar este tema con mayor presteza.

Claramente los compositores han observado la música de su país, en muchos casos como primer intento por encontrar inspiración e identidad. Tal es el caso por ejemplo de Bela Bartok  (Rumania25 de marzo de 1881-Nueva York26 de septiembre de 1945) que fue un entusiasta estudioso de la música de su pueblo, llegando a cimentar, junto con Zoltán Kodály las bases de la etnomusicología (ethnos: nación, y mousike: música) disciplina especializada en el estudio de la música de origen étnico o la música que corresponde a una identidad cultural de un grupo social o comunidad específicos, aún si éstas no son preponderantes en la población de un país. Bartok como algunos de sus seguidores fue un gran conocedor de la música tradicional de su país (pueblo de Nagyszentmiklos, antiguamente Reino de Hungría, y actualmente Rumania), usando lenguajes provenientes de la música del grupo étnico de Europa del este llamado Magiarés, que a su vez muestra claras evidencias lingüísticas y acaso rasgos culturales de los Ávaros, los Hunos y los Mongoles, así como de pueblos otomanos e iraníes, este sonido amalgamado y profundamente arraigado en la cultura eslava y húngara, propició la creación de un movimiento nacionalista que logró grandes alcances en el mundo de la música académica, quizás  por su efectividad estética en la apreciación de las audiencias, exaltadas por una música que podría decirse, ya conocían, y la llevaban en las venas.

Por su parte, el inglés John Vaughan-Williams consiguió la reunión de la música tradicional inglesa logrando reunir cerca de 800 canciones de su país. El conocimiento de sus orígenes propició la creación de obras en las que se sublima la melodía popular, y se exalta el uso de técnicas arcaicas como el faux bordon que consiste en una nota baja de acompañamiento, la música ficta (música falsa o fingida) proveniente de mediados del siglo XII en Europa, y empleado hasta finales del siglo XVI para describir toda aquella nota musical que era escrita o añadida mediante la improvisación de los intérpretes dando riqueza melódica y libertad a los artistas más diestros de la época, y que comenzaba a imponer una especie de ruptura mesurada sobre la música vera (música correcta o verdadera) según lo establecido en el sistema hexacordal (sistema de 6 notas) de Guido de Arezzo. Abundando en el tema de las influencias de Vaughan-Williams, podemos notar también cierta tendencia de su música vocal a emplear modalismo propio de la trova isabelina de los troveros que cantaban en Oil (no en occitano ni en provenzal), fenómeno de la trova medieval tardío, que rompía con la tradición del dialecto occitano de la zona de Toulouse, y que tenía su base en la música que emana de la vihuela de mano, y del laúd. El carácter literario de esta música es el relato de aventuras y romances, política y calumnia, y se dio en Inglaterra después de que se originara en Cataluña y Francia del siglo XII, pero que en su más profunda raíz, encuentra sus orígenes, específicamente hablando del vocablo Trovos, en la civilización mesopotámica. Esta influencia se puede escuchar claramente en las terceras apiladas y las texturas con cierto misticismo en las cuerdas con sordina de su obra llamada On Wenlock Edge. Su música alcanzó fama y reconocimiento después de haber compuesto la “fantasía sobre un tema de Thomas Thalis”, compositor inglés del siglo XVI que formaba parte de la última época de la corte de Enrique VII de Inglaterra.

Pero no necesariamente los compositores han encontrado inspiración y bases teóricas en la música de su país; tal es el caso del francés Olivier Messiaen con su inteligente uso de los ritmos de la cultura hindú denominados Talas. Estos talas se deslindan de la simetría de la música académica europea para encontrar nuevos alcances rítmicos en la inconstancia de la medida de cada pulso, cambiando la acentuación y la cadencia, y rompiendo con la tradicional necesidad de continuar con el trabajo de los académicos de la época (1908-1992). A nivel armónico y melódico es fácil reconocer una gran influencia del modalismo de la música griega antigua, y por supuesto de la escala pentatónica empleada en la música del Japón. En este punto podemos observar que la mezcla de las culturas originó una música única hasta el momento, tanto rítmica como melódica y armónicamente. Posiblemente la influencia de la horrible experiencia en un campo de concentración de los nefastos nazis terminó de conformar un lenguaje de gran expresividad, complejidad emocional, y gran éxito en el reflejo de la situación humana que su obra más importante en este sentido puede reflejar, “el Cuarteto para el fin de los tiempos”. Cabe señalar que no únicamente se basó en esto para componer, sino que además es el inventor o primer desarrollador de los modos de transposición limitada.

India

Finalmente hay que notar que cada partitura y obra que suena frente a una audiencia proviene de orígenes que, en el mejor de los casos, la audiencia puede distinguir gracias a su estudio y bagaje cultural, pero que si no es así, cada persona es capaz de reconocer un profundo encanto por estos sonidos que con seguridad son parte del alma de las personas, las sociedades y las culturas del mundo.

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Archivado bajo Arte, Cultura, Diversidad cultural, Etnografía

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