Si bien nuestros ancestros comenzaron a circular desde hace millones de años, lo cierto es que el más antiguo indicio del ser humano produciendo una representación auto-perceptiva, es decir, un retrato, data de hace poco más de 26 mil años. Esta magnífica pieza proviene de África. Por cierto, no deja de llamar la atención el refinado trabajo impreso en la figurilla, el cual de algún modo nos hace suponer que obviamente no era la primera vez que un ser humano creaba una pieza a su semejanza –aunque hasta ahora no se haya encontrado representación antropomorfa alguna que supere a esta en antigüedad.

“Al observar las más antiguas esculturas y dibujos europeos estamos viendo la profunda historia de cómo nuestro cerebro comenzó a almacenar, transformar y comunicar ideas como imágenes visuales. La exposición mostrará que podemos reconocer y apreciar estas imágenes. Incluso si sus mensajes e intenciones se pierden para nosotros, la habilidad y el arte todavía sorprenderán al espectador.” advierte Jill Cook, curador de la muestra Arte de la Edad de Hielo: Llegada de la mente moderna, dedicada a explorar los albores del arte representativo y que se exhibe desde el 7 de febrero en el Museo Británico de Londres.
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El retrato más antiguo del mundo
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Peregrinaciones de ayer y hoy

Portada
Coordinador : PATRICIA FOURNIER, CARLOS MONDRAGÓN, WALBURGA WIESHEU
Autores Varios : DAVID LAGUNAS ARIAS, FRANÇOISE ODILE NEFF NUIXA, FERNANDO LÓPEZ AGUILAR, SERGIO SÁNCHEZ VÁZQUEZ, LUIS ARTURO JIMÉNEZ MEDINA, RAÚL MÉNDEZ YÁÑEZ, F.T. AZUL U. RAMÍREZ RODRÍGUEZ, OUAJD KARKAR, LESLIE F. ZUBIETA, MARÍA ELVIRA RÍOS, EDUARDO HERRERA
El Colegio de México
Centro de Estudios de Asia y África
1ª Edición: 2012
ISBN: 978-607-462-392-5
Esta obra representa un esfuerzo por retomar el concepto de la peregrinación y repensarlo críticamente a la luz de nuevas investigaciones. Con este fin, ofrece trece estudios realizados en las más diversas regiones de México y el mundo, entre las que se incluyen el Centro de México y el Bajío, África sur-central y el Rif marroquí, el este de Asia (China imperial y contemporánea), la alta planicie del Tibet, los archipiélagos de Melanesia y Estados Unidos de América.
Uno de los objetivos de esta compilación es problematizar nociones establecidas en torno al peregrinaje ofreciendo nuevas formas de entender la construcción y la experiencia de los paisajes culturales, la percepción del espacio, del desplazamiento y de la condición de la persona y el grupo, así como la creciente importancia del turismo y la migración en contextos transnacionales actuales.
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Regreso a casa
Con generalizado beneplácito y sonoros aplausos se ha recibido la noticia del regreso de Sergio Raúl Arroyo a la dirección general del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Y el revuelo no es para menos, pues se trata de “alguien de casa”, poseedor de una sólida preparación académica, inquieto estudioso de la diversidad cultural internacional, dueño de un carácter nada dócil frente a ciertas frivolidades del poder y, por encima de todo, dispuesto a conciliar las modalidades de un liderazgo moderno con las legítimas aspiraciones de sus compañeros de trabajo en todos los niveles.
En el ambiente se perciben aires de renovación y bien ponderadas expectativas. Hasta ahí todo es promisorio, pero no faltan quienes alertan sobre el peligro de que México pudiera ser arrastrado por economías que basaron su pretendida infalibilidad en el dogma mágico-religioso de las leyes del mercado.
El patrimonio que estudia y difunde el INAH no puede someterse a una lógica enganchada a intereses marcadamente ajenos a nuestra identidad como nación. Con claridad lo ha dicho el propio etnólogo Arroyo: “…me parece que debemos ampliar nuestra visión de lo que es el mundo mexicano, no pensar exclusivamente en lo que está siendo redituable en el sentido turístico”.
Sergio Raúl regresa a casa tras un intervalo que para algunos observadores fue resultado de desacuerdos infranqueables que pusieron a prueba su insobornable espíritu crítico, su férrea integridad y templanza ejemplares. Por éstas y más razones, saludamos con genuino afecto al ser amigable y sencillo cuya seriedad en el ámbito laboral no se aviene con ninguna forma de autoritarismo, al eficaz funcionario que llega a su actual responsabilidad merced a un proyecto necesario, viable, y naturalmente benéfico para las presentes y futuras generaciones de ésta nuestra muy compleja urdimbre social, a la vez múltiple y única.
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Sir Arthur Evans, arqueólogo
El arqueólogo británico Sir Arthur John Evans nació el 8 de julio 1851, y murió el 11 de julio de 1941, y fue él quien excavó las ruinas de la antigua ciudad de Cnosos en Creta y la evidencia descubierta de una civilización sofisticada de la Edad de Bronce, a la que llamó minoica. Su trabajo fue uno de los logros más importantes de la arqueología occidental e impulsó considerablemente el estudio de la prehistoria de Europa y en particular del Mediterráneo oriental.
Distinguido académico, Evans fue director del Museo Ashmolean, de la Universidad de Oxford, de 1884 a 1908 y se convirtió en profesor extraordinario de arqueología prehistórica en Oxford en 1909. Su interés en las monedas antiguas y la escritura aparecida en los sellos de piedra de Creta lo atrajo a la isla por primera vez en 1894. Al año siguiente publicó pictogramas cretenses script y Prae-fenicia. Durante un discurso en 1896 sugirió que la civilización micénica de la Grecia continental tuvo sus orígenes en Creta. Tres años más tarde compró un pedazo de tierra que incluía el sitio de Cnosos, y tras excavar un año había desenterrado las ruinas del palacio que cubren 2.2 hectáreas. El tamaño y el esplendor de los resultados indicaron que Cnosos había sido una capital cultural ancestral. La compleja planta del palacio sugirió el laberinto asociado con el legendario rey Minos, lo que incitó a Evans para nombrar la civilización minoica.

Sosteniendo uno de sus hallazgos más conocidos.
En el transcurso de los siguientes 25 años Evans continuó sus investigaciones. Excavando por debajo de las ruinas de la Edad de Bronce, se encontró con los restos de una civilización neolítica, lo que ayuda a poner en perspectiva histórica Micenas. Su descubrimiento de artefactos egipcios que datan de períodos históricos conocidos le ayudaron a establecer los períodos de la civilización minoica. Estimaciones posteriores, sin embargo, difieren de las suyas.
Cnosos también produjo unas 3,000 tablillas de arcilla que contienen una de las formas de la escritura minoica, la Lineal B. Evans esperaba descifrar esto, tanto como las otras formas, la Lineal A y la pictórica. Fracasó en este intento, pero una conferencia que pronunció en 1936 inspiró a Michael Ventris a trabajar en ese sistema de escritura. (Ventris más tarde presentó pruebas de que la Lineal B era una forma de griego, y su propuesta fue ampliamente aceptada.) Evans se ocupa de las tres formas en Scripta Minoa (vol. 1, 1909,… Vol 2, editado por JL Myres, 1952) . El palacio de Minos, 4 vol. (1921-1936), fue su propio tratamiento definitivo de su obra. Evans recibió muchos honores por sus descubrimientos y fue nombrado caballero en 1911.
Fuente: Enciclopedia Británica/ Traducción Mariano Flores
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La escritura Lineal B
por Héctor Ruiz
Uno de los desciframientos más espectaculares tras el gran hito de Champollion con los jeroglíficos egipcios fue probablemente el de la escritura lineal B. Esta historia reúne todos los ingredientes para escribir un emocionante relato de suspenso: unas ruinas de una civilización mitológica, una investigadora que murió cuando estaba a punto de obtener la clave del desciframiento, un joven arquitecto que también murió trágicamente poco después de lograr este hito, la carencia total de textos bilingües u otras ayudas para iniciar el desciframiento, y una gran dosis de intuición, perseverancia y rigor como principal método hacia el éxito. Entender las escrituras de la época de la gloriosa Troya y el ambicioso rey Agamenón era una recompensa que bien valía la pena.
“Lineal B” quizás no sea un nombre muy romántico para un tipo de escritura. Tampoco lo es el de su posible predecesora, la lineal A. Pero obviamente estos no serían los nombres que usarían para designarlas sus hablantes, los habitantes de la Grecia continental y la isla de Creta de las épocas minoica (3000-1600 a.C.) y micénica (1600-1100 a.C.).
La lineal B, concretamente, apareció hacia el 1600 a.C. como evolución de la lineal A, según coinciden muchos investigadores. De los 87 símbolos que la componen, 64 provendrían de la lineal A y el resto, 23, serían de creación propia. Se trata de una escritura silábica, donde cada símbolo representa dos sonidos, normalmente una consonante seguida de una vocal. También cuenta con algunos ideogramas que representaban palabras enteras muy utilizadas: hombre, mujer, oro, vaca, etc.

Muestra de la Lineal B
Un pasatiempo como cualquier otro
En 1936, un jovencito inglés de 14 años llamado Michael Ventris asistía entusiasmado a una conferencia del eminente arqueólogo Sir Arthur Evans, famoso por haber descubierto en 1900 en la isla de Creta la civilización que probablemente inspiró los mitos griegos del rey Minos y el laberinto del minotauro. Entre sus descubrimientos destacaba el palacio de Cnossos; precisamente sus laberínticos aposentos hicieron que lo identificara con el famoso palacio de Minos de las leyendas mitológicas y que bautizara todos los restos de aquella cultura como minoicos. Los hallazgos de Evans incluían una gran cantidad de tabletas de arcilla con unas extrañas inscripciones: por su antigüedad dedujo la existencia de dos tipos de escritura que denominó lineal A y lineal B (también encontró un tercer tipo de cariz jeroglífico). El arqueólogo confesó que hasta la fecha nadie había sido capaz de descifrarlas y esto fascinó al joven Ventris, muy aficionado a las lenguas clásicas. En aquel mismo momento, decidió que trataría de resolver el misterio. Y así, desde aquel mismo día, dedicó sus ratos libres a estudiar las herméticas escrituras que debían encerrar numerosas historias apasionantes sobre las raíces culturales de occidente.
En un principio, Ventris se dejó llevar comprensiblemente por las hipótesis de Arthur Evans, quien afirmaba autoritaria y rotundamente que la lengua de la cultura minoica no debía tener ninguna relación con el griego, pese a algunas pruebas que así lo sugerían. De esta manera, la primera intuición de Ventris fue que aquellas escrituras podrían tener alguna relación con el etrusco. A los 18 años publicaba su primer artículo siguiendo esta hipótesis. Pero pronto se dio cuenta de que cometía un error, y empezó a buscar otras lenguas clásicas que pudieran resultar afines.
Finalmente, en contra de la opinión de Evans y de la mayoría de los arqueólogos de la época, Ventris apostó por el griego: ¿podría ser que aquella escritura no hiciera otra cosa que esconder la lengua griega detrás de un sistema anterior a la invención del alfabeto griego clásico? Todos sus esfuerzos se dirigieron desde entonces en esa dirección. De hecho, en 1936 se habían encontrado más tabletas con inscripciones de lineal B en el mismo continente griego, cosa que contradecía las teorías de Evans, el cual creía que sólo sería utilizado en la isla de Creta, y hacía pensar en la posibilidad de que se tratara realmente de un protogriego.
El legado de una investigadora
En los Estados Unidos, una arqueóloga llamada Alice Kober había estado estudiando la lineal B al margen de las ideas autoritarias de Arthur Evans. Para tratar de descubrir la lógica escondida tras los símbolos, había construido tablas donde unía aquéllos que parecían tener una fuerte relación gramatical. Durante la tarea, había notado que un buen número de palabras tenían raíces y sufijos comunes. Esto la llevó a pensar que se trataba de una lengua con declinaciones, como el latín o el griego, con nombres que cambian su final según la función que hagan en la frase. Pero a veces encontraba símbolos en medio de las palabras que no parecían formar parte ni de la raíz ni del sufijo de las palabras. Dado que este efecto se observaba en otras lenguas conocidas, Kober pensó que probablemente se trataran de sílabas “puente”: sílabas cuyo inicio formaría parte de la raíz, y cuyo final, del sufijo. Así dedujo que la lineal B debía de ser una escritura silábica, cosa que parecía coherente con el hecho de que el número de caracteres no era lo suficiente pequeño como para ser fonética (un símbolo para cada sonido) ni lo suficiente grande como para ser logográfica (un símbolo para cada palabra). Cada carácter representaría, pues, una sílaba.
De este modo pudo determinar qué caracteres compartían los mismos sonidos iniciales y finales, y construyó una tabla ordenándolos. Por ejemplo, en aquellas palabras que tenían una misma raíz y diferentes caracteres puente, deducía que el primer sonido de la sílaba puente era el mismo. Las palabras, en cambio, que compartían el mismo sufijo, permitían conocer equivalencias del sonido final de diferentes caracteres puente. No obstante, no podía saber de qué sonidos concretos se trataba. Desgraciadamente, con la clave de todo el misterio casi en sus manos, Kober murió a causa de un cáncer en 1950, a los 43 años de edad. Sus trabajos servirían para que años después, un aficionado resolviera el rompecabezas que nadie había sido capaz de solucionar durante más de medio siglo.
Con los notables descubrimientos de Kober –y otros indicios que ya había establecido el mismo Arthur Evans, como que la lineal B contenía algunos ideogramas que representaban conceptos de forma explícita–, Ventris se puso a trabajar sin descanso. Si daba por buenas las hipótesis de Kober, hacía falta atribuir sonidos concretos a las sílabas que escondían aquellos caracteres.
Su intuición, esta vez muy acertada, fue la de pensar que algunas palabras debían de hacer referencia a topónimos, es decir, a nombres de ciudades, pueblos o accidentes geográficos.
Imaginó que las tabletas de arcilla encontradas en Creta debían de hacer referencia a lugares de aquella isla, y así empezó a comparar, de forma sistemática, minuciosa y paciente, una gran cantidad de palabras de la lineal B con los nombres griegos de varias ciudades de la isla.
Finalmente, el esfuerzo y la dedicación dieron sus frutos. Ventris encontró palabras que coincidían perfectamente con algunos topónimos y así acababa de descifrar los primeros caracteres de la hermética lineal B. La reacción en cadena entonces fue inevitable y Ventris demostró que, efectivamente, la lengua cifrada en aquella antigua escritura no era ni más ni menos que el griego.
El 1º de julio de 1952, en una entrevista para la radiodifusora BBC, Ventris daba a conocer al mundo sus descubrimientos. Unos días más tarde, John Chadwick, un gran especialista en lenguas clásicas, lo contrataba para completar aquel maravilloso hito.
Por desgracia, Ventris no pudo disfrutar demasiado tiempo de su éxito: en septiembre de 1956 sufría un accidente de coche y moría en el acto.
¿Pero qué decían las tabletas de arcilla?
Una vez traducidas, las tabletas revelaron un montón de información cotidiana: inventarios agrícolas, información burocrática, transacciones comerciales, movimientos militares, etc. Así, proporcionando información sobre el día a día de la vida de los antiguos griegos de la época micénica, no permitió conocer mejor su cultura y sociedad.
Pero la gran aportación de aquellas traducciones, que demostraban que la lengua que codificaba la lineal B era un griego arcaico, subyace en el hecho que se demostraba que los micénicos no eran invasores del norte, sino antecesores de los griegos; y que la lengua griega tiene una antigüedad de 3,600 años, constituyendo una de las lenguas vivas más antiguas de la humanidad.
Fuente: http://www.portaleureka.com/
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Manuscritos astronómicos de Timbuctú

Los manuscritos del National Ahmed Baba Center for Documentation and Research de Timbuctú (Mali), ciudad que antaño fuera un importante cruce cultural de caminos, atrajeron a eruditos de los más lejanos lugares del mundo africano y árabe.
Según los especialistas, los documentos guardados en dicha institución, algunos de los cuales datan del siglo XIII, son valiosos porque demuestran que África tuvo una larga tradición escrita y no sólo oral, como se suponía comúnmente, y que esa cultura africana estaba viva y pujante antes del renacimiento europeo.

Restauración y conservación de los manuscritos
Hay más de 100,000 manuscritos conservados en cinco bibliotecas privadas o en poder de varias familias de Timbuctú. Sólo algunos saben lo que contienen, pero tanto si conocen o no su contenido, los guardan celosamente como herencia de la familia.
Entre los textos hay contratos de compraventa de esclavos; del comercio del oro y de la sal; cartas y decretos que demuestran cómo los juristas musulmanes resolvían conflictos entre las familias y el Estado. Algunos de los legajos hablan de los derechos de las mujeres y de los niños.
La mayoría están escritos en árabe, aunque algunos utilizan la escritura árabe para transcribir las lenguas locales que no tenían alfabeto.
Muchos de los textos más antiguos datan del imperio de Songhay, un próspero reino que existió entre los siglos XV y XVI. Hace cinco o seis centurias, Timbuctú era una encrucijada importante para las caravanas del oro y de la sal que atravesaban el Sáhara. El comercio de libros también prosperó y la mezquita Sankoré se convirtió en un centro de enseñanza, atrayendo a miles de estudiantes cada año. Algunos manuscritos dan testimonio de la presencia española en la curva del Níger. Las bibliotecas reúnen también manuscritos de Marruecos, Damasco y Egipto.
Patrimonio
Ayudados por un clima generalmente árido, los habitantes de Timbuctú han conservado esta riqueza cultural durante siglos. Pero el tiempo está en su contra. El Sahara ha estado avanzando poco a poco hacia el sur y la arena está llenando las calles de la ciudad, contribuyendo a las inundaciones en la breve estación de lluvias. El papel ácido y las tintas ferrosas introducidas en el siglo XIX se están quemando lentamente a través del contacto con otros manuscritos; y las termitas parecen estar por todas partes.
Entre la presión de la pobreza, las épocas de sequía y la rebelión de los tuareg en Mali que duró diez años, los manuscritos continúan desapareciendo en el mercado negro, donde se venden ilegalmente a coleccionistas privados y a universidades de Europa y Estados Unidos.
Sin embargo, en el Timbuktu Heritage Institute los manuscritos están comenzando a ser catalogados, preservados y protegidos contra el hurto.
La ciudad de Timbuctú tiene hoy entre 60 y 80 colecciones privadas, la más grande de las cuales es la biblioteca Mamma Haidara. Varias otras colecciones privadas fueron adquiridas por el National Ahmed Baba Centre for Documentation and Research, institución pública que ahora posee más de 18,000 manuscritos.
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Un apunte sobre los pueblos iberos y sus culturas

León ibérico
Tradicionalmente se ha considerado a los íberos como los habitantes de las regiones costeras desde el cabo de Palos hasta el estrecho de Gibraltar. Sin embargo, para los antiguos, iberos eran todos los habitantes de Iberia. El nombre es, posiblemente, griego aunque nos llega a través del latín. Estos son los primeros pueblos que escapan al anonimato, por las referencias históricas que de ellos se tienen. Su localización espacial es imprecisa, y probablemente cambiante. A menudo no va más allá de una ciudad y su zona de influencia. Los pueblos más destacados son: los sordones, en la zona del Rosellón; los indigetes, en el Ampurdán; los layetanos, en Barcelona; los cosetanos, en Tarragona; los ceretanos, bergistanos, andosinos, ilergetes, lacetanos, sedetanos y airenosos, en el valle de Ebro y Pirineos; los ilercavones en Sagunto; los edetanos en el Júcar, los contestanos en el Segura; los mastienos más al sur; y los bastetanos y turdetanos en Andalucía. Algunas de sus ciudades tendrán gran importancia, como Sagunto, Ilici (Elche) o Numancia.

Dama de Elche
Su economía se basaba en el desarrollo agrícola, de un nivel técnico muy alto, parecido al romano. Cultivaban trigo, olivo y vid, la clásica trilogía mediterránea, así como árboles frutales y verduras, y plantas textiles. La ganadería era complementaria; y la minería continuaba teniendo importancia, por su mercadeo con los colonos, principalmente cartagineses. Esta relación les lleva a un rápido proceso de urbanización y a utilizar la moneda, por lo que cuando lleguen los romanos su labor será más fácil.
En su organización política se distinguen dos formas: la monarquía y la república. La monarquía, la turdetana es la más evolucionada, se desarrolla en torno a una ciudad estado que controla un territorio más o menos grande. Los reyes aparecen rodeados por una «corte» de individuos fieles al rey por un vínculo personal. No faltaba un «consejo de ancianos». El poder real era, en principio, hereditario y personal. La república estaba dominada por la aristocracia, la más notable fue la de Sagunto, que era también la oligarquía mercantil. Su estructura era análoga a la de las ciudades griegas, cuyo modelo les influyó decisivamente.
Se distinguían tres clases sociales: la aristocracia, los hombres libres (de riqueza media) y la clase baja. Su estructura es fuertemente patriarcal, aunque la condición social se trasmitía por vía matrilineal.
Su hábitat se caracterizaba por los asentamientos en ciudades bien fortificadas y situadas en lugares estratégicos, calles estrechas de planta regular y sin edificios públicos.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Se autoriza el uso con licencia GFDL.
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Museo Arquelógico de Albacete, España
COLECCIONES
Las colecciones arqueológicas comenzaron a formarse en el siglo XIX, cuando la Comisión Provincial de Monumentos de Albacete creó un primer museo. Fueron acrecentadas a lo largo del siglo XX gracias a una intensa labor de excavaciones y prospecciones. Hoy constituyen la parte más importante del Museo en número de piezas. La actividad fue orientada en un primer momento al conocimiento de los yacimientos de la Edad del Bronce. Pero enseguida se dirigió la atención hacia los yacimientos ibéricos, la necrópolis de Hoya de Santa Ana, cuyas excavaciones se iniciaron en 1941, la del Llano de la Consolación, en 1952, y una década después en el santuario del Cerro de los Santos (1962). Hasta noviembre de 1962 las colecciones fueron enriquecidas con la recogida de muchos hallazgos casuales entre los que destacan la esfinge ibérica de Haches (Bogarra), con los materiales procedentes de las excavaciones citadas, además con las intervenciones en dos yacimientos romanos de Ontur: el Pajar de los Zorros y la necrópolis de Las Eras, de donde proceden las muñecas articuladas de hueso y ámbar del museo. A la vez que se recuperaban piezas se comenzó a formar el archivo de arqueología albacetense no solamente a través de los registros del Museo, sino también mediante la recogida de todo tipo de noticias a través de correspondencia y de los Cuadernos de campo.

Muñecas romanas
Las colecciones arqueológicas siguieron un ritmo de incremento gracias a nuevos hallazgos y a excavaciones. Entre los primeros, el conjunto de la Huerta del Pato de Munera vinculado con los campos de urnas y, como piezas sobresalientes, las esculturas ibéricas de Capuchinos (Caudete), y el torso de caballo ibérico de La Losa (Casas de Juan Núñez) una de las más sobresalientes representaciones de la estatuaria prerromana peninsular.

Entre las segundas, las excavaciones realizadas en la villa romana de Balazote y la de la Casa de los Guardas (Tarazona de la Mancha), la recuperación de tres tesoros numismáticos: las monedas de la Casa Sindical de Albacete, de época de los Austrias; y los tesoros de piezas de oro de los Borbones procedentes de Madrigueras y Villamalea. Desde 1972 la arqueología albacetense comenzó a expandirse. Además del Museo como institución, las universidades españolas, impulsoras de los estudios de arqueología, diseñaron diversas actuaciones de investigación en la provincia de Albacete. Así su mapa arqueológico comenzó a completarse tanto en la extensión geográfica de los hallazgos como en su adscripción cultural y cronológica. Fueron descubiertos nuevos lugares con arte rupestre en Nerpio y las pinturas paleolíticas de la Cueva del Niño (Ayna). Fueron excavados dos importantes yacimientos ibéricos: la necrópolis de Pozo Moro que, finalmente, ingresó en el Museo Arqueológico Nacional, y el poblado de El Amarejo. Volvieron las investigaciones al Cerro de los Santos, se excavó la necrópolis del Camino de la Cruz, y comenzó a vislumbrarse el horizonte cultural de la Edad del Bronce en tierras albacetenses a través de la excavación de la Morra del Quintanar en Munera.

COLECCIONES DE PROTOHISTORIA: LOS YACIMIENTOS IBÉRICOS
Desde mediados del siglo XIX la arqueología ibérica de la provincia de Albacete comenzó a ser relevante por el descubrimiento y las excavaciones realizadas en el Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo), por el hallazgo de la Bicha de Balazote, así como por otras esculturas adquiridas a finales del siglo XIX para el Museo del Louvre.
Esa riqueza cultural y patrimonial se incrementó a lo largo del siglo XX. Hoy la colección de escultura ibérica del Museo de Albacete constituye una de sus mayores riquezas, destacando piezas como La esfinge de Haches (Bogarra), los jinetes de Los Villares de Hoya Gonzalo, el caballo de La Losa, el conjunto de Capuchinos (Caudete), así como la estatuaria del Cerro de los Santos. La colección posee lotes de cerámicas griegas procedentes de las necrópolis ibéricas de la zona, entre las que destacan la lecane de El Salobral con la representación de Dionisios y las mujeres casaderas, las armas ibéricas, las cerámicas entre las que destacan las decoradas de El Tolmo de Minateda (Hellín), o terracotas como el askos en forma de paloma de El Amarejo (Bonete), constituyen una parte notoria de las piezas de arqueología ibérica.

Cabe mencionar asimismo que este museo cuenta con valiosas colecciones de época romana procedentes de hallazgos casuales y, sobre todo, de las excavaciones realizadas en la villa romana de Balazote entre 1970 y 1975 y la antigua Illunum (El Tolmo de Minateda, Hellín) desde 1988. De ciudades como Illunum, Libisosa (Lezuza) e Illici (Elche de la Sierra) se exhiben algunas piezas, otras procedentes de necrópolis o de lugares como establecimientos agrícolas.
Fuente: http://www.patrimoniohistoricoclm.es/museo-de-albacete/el-museo/
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Investigan dimensiones de ‘nueva’ ciudad maya en la región Biósfera del Río Plátano, Honduras
La ciudad prehispánica cuyos vestigios fueron encontrados en la Biósfera del Río Plátano, costa atlántica, podría tener una extensión de cinco kilómetros, dijo el gerente del Instituto Hondureño de Antropología (IHA), Virgilio Paredes.

“Se está considerando que estos vestigios arqueológicos encontrados podrían ser uno de los más importantes del siglo XXI. Estamos hablando de una ciudad de cinco kilómetros, más grande que Copán”, dijo Paredes.
Por petroglifos y grandes piedras blancas encontradas en las inmediaciones de los ríos que cruzan la Biósfera, se estima que podría ser la mítica Ciudad Blanca o la llamada por los indígenas “Ciudad del Dios Mono”.
Estamos pensando que a finales de año, en noviembre, podrían estar entrando y entonces los arqueólogos podrían definir qué cultura estuvo asentada en esta zona de la Biósfera”, apuntó Paredes.
La Biósfera del Río Plátano, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO está situada en los departamentos de Olancho, Gracias a Dios y Colón, tiene una extensión de 815 mil hectáreas y es fronteriza con la de Bosawas en Nicaragua.

La exploración a iniciarse este año, sería con apoyo de Estados Unidos, ya que a la zona sólo puede llegarse por aire, para poder descender e instalar un campamento con arqueólogos nacionales y extranjeros, explicó el gerente del Instituto Hondureño de Antropología.
Por ser Honduras un país de escasos recursos económicos, ya tiene ofertas de apoyo financiero y técnico para realizar las investigaciones de Rusia, China, Estados Unidos, España y de varias fundaciones, agregó Paredes.
Indicó que la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) también tiene prioridad en este descubrimiento en Honduras, de la magnitud que tuvo Copán, principal centro maya, en el occidente del país, considerada la “Alejandría de América”.
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Serie Ciudades emblemáticas y sitios sagrados: Dossier 1 Jericó

Desde las alturas
En 1929, John Garstang, por cuenta de la Universidad de Liverpool, vuelve a excavar Jericó para resolver los problemas estratigráficos no resueltos por los germanos. En una de sus trincheras profundizó varios metros más que la anterior expedición llegando a estratos neolíticos. Su cronología, en general, es todavía válida al disponer de la secuencia cerámica y de la colaboración científica de todas las escuelas arqueológicas. Acabó sus campañas en 1936.
Entre 1952 y 1956, una nueva expedición inglesa, dirigida por la prof. Dra. Kathleen M. Kenyon vuelve a Jericó con toda la perfección metodológica alcanzada en los últimos lustros. Incluso con un método insospechado para la datación de los restos orgánicos: el carbono 14. Kenyon llegó hasta la roca viva, estableciendo la estratigrafía completa de Jericó y su datación. Hallazgos. Los resultados más espectaculares de la excavación de Jericó son los del Neolítico precerámico, edad que más se intuía que apreciaba en otras excavaciones. En Jericó aparecen dos culturas que se suceden. La más antigua, Neolítico precerámico A, es un desarrollo del Natufiense inferior, con un estadio intermedio parcamente representado en el mismo Jericó. De dicha cultura se han hallado todos los elementos de una próspera ciudad: muro de defensa con una torre de mampostería conservada en 9 m de altura, las casas de plano circular o elíptico agrupadas en barrios, bien estucadas en su interior y con restos de ajuar (vasijas y esteras). La ciudad ocupaba unas cuatro hectáreas y debía de albergar unos 2,000 habitantes. Hay indicios de comercio con regiones incluso lejanas, como Anatolia. Estos restos ocupan tres estratos y corresponden a los años 7000 a 6500 a.C. aprox. Debajo de ellos se halla el Preneolítico, evolución del Natufiense, pero de extensión muy limitada: un pequeño poblado que ha dejado sólo fondos de cabañas y utillaje lítico y óseo. El Neolítico precerámico B es distinto en técnica arquitectónica y en el trabajo de la piedra: cultura tahuniense-neolítico típico de Palestina, probablemente evolución del Jiamense. Al conquistar Jericó, los tahunienses repueblan la ciudad. Más tarde la ciñeron de muros, casi ciclópeos, que en gran parte de su altura eran de contención de los escombros anteriores. Las casas son de planta rectangular y construidas con adobes de distinta forma que en la cultura anterior. Amontonados con otros detritus fueron descubiertos los hoy célebres cráneos de Jericó, calaveras en las que con arcilla se ha modelado con tal habilidad la parte de carne desaparecida por la descomposición que son verdaderos retratos a juzgar por las diferencias que hay entre ellos. El pelo, y eventualmente los bigotes o barbas, son pintados, mientras los ojos se representan mediante conchas o guijarros. También se ha encontrado un pequeño santuario presidido por una estela pequeña, pero monolítica. Tanto en este periodo como en el anterior, la densidad de población obliga a pensar que se utilizaba la abundancia de agua para regar gran parte del actual oasis y proveerse de alimentos. Casi no hay restos de Calcolítico, como del Neolítico cerámico.
El Bronce antiguo, 3000-2200 a.C., es la Edad de Oro de Jericó Sus murallas fueron bien planeadas y reconstruidas a medida que las circunstancias lo requerían. En algún punto se han identificado 17 fases de restauración o reconstrucción. Tanto los planos de las casas como su utillaje indican que hay una sucesión de dos culturas dentro de este periodo. El intermedio Bronce antiguo-Bronce medio, 2200-1800 a.C., ha sido designado por Kenyon como distinto de ambos periodos. En Jericó hay numerosas tumbas de dicha época, pero no hay ciudad propiamente dicha hasta el final del periodo. Por la presencia de cerámica y fondos de cabañas, se deduce que los nuevos habitantes eran nómadas en vías de sedentarización; sus primeras construcciones atestiguan su ignorancia de la arquitectura y su independencia respecto a los antiguos pobladores. La Dra. Kenyon cree que se trata de los amorreos. En el Bronce medio, 1800-1550 a. C., vuelve a florecer Jericó como ciudad amurallada con las nuevas técnicas atribuidas a los hicsos: muros precedidos de «glacis», etc. La ciudad fue seguramente destruida por los faraones de la XVIII dinastía, hacia 1580 a. C. Del Bronce reciente, 1550-1200 a. C., los vestigios hallados son minúsculos: el célebre «palacio medio» de Garstang y 1 m2 de pavimento descubierto por la Dra. Kenyon. En vista de ello, esta última piensa que pudo haber un lavado de las ruinas durante su largo abandono, al no ser fortificada la ciudad de esta época y permanecer sin reconstruir hasta el Hierro II, hacia el s. VIII a. C. Del Hierro II, 900-600 a. C., se han hallado restos, pero menos de los que se esperaba. Fuente: http://www.canalsocial.net / V. VILAR HUESO.
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